domingo, 10 de mayo de 2009

Conmigo misma


Tenia en mente escribir una entrada inspiradora, brillante, llena de cambios y esperanza. La última fue el empujoncito perfecto para ello, deje palabras de desánimo y abatimiento, deje desesperanza acabando con un toque magistral " Y ver como todo ha cambiado tanto". Me dejaba vía libre para describir la situación en la que me encuentro ahora, era un destello de luz en medio de la oscuridad.

Sinceramente es muy fácil imaginar como son las cosas ahora viendo como lo fueron en su momento. Ahora empiezo a encontrar mi lugar. Empiezo a encontrarme a mi misma. Es un nuevo comienzo y esta vez, es de verdad.

Pero esta noche quisiera escribir sobre algo diferente, algo que nos incumbe a todos y cada uno de los aquí presentes, y no me refiero a aquellas personas que puedan leer mi blog, sino a todas y cada una de las personas que hoy gozan de la vida y del mundo. A todo aquel que esté vivo.


La Soledad.


Mi mayor temor en la vida es quedarme sola.No suele ser nada fácil reconocerlo, pero a estas alturas ya poco queda de mi orgullo.

¿Y que es la soledad?

Tiempo atrás la consideré un enemigo del ser humano, un enemigo de la alegría, un enemigo invencible. La soledad en su momento fue para mi aquella piedra en el camino que nos impide avanzar. Un sentimiento que lo bloqueaba todo, que abatía toda ambición y anhelo que mi pequeño corazoncito pudiese albergar. La soledad era un choque frontal contra una barrera infranqueable, era aquello que me impedía moverme del sitio en el cual me había quedado estancada, era aquello que creaba desasosiego en mi. Era pavor lo que yo pude llegar a sentir.

Pero llegó un punto en el cual ya no sabía si era la propia soledad lo que me hacía quedarme hundida y estancada o si en realidad era el propio miedo a la misma lo que me inmovilizaba.

En esta vida tenemos que enfrentarnos a muchas cosas desagradables, la soledad involuntaria es una de ellas. Pero es en verdad el miedo a todas esas cosas lo que nos inunda e impide que avancemos. No son las cosas de por si lo que nos paraliza, sino el miedo que retenemos.

Hay una gran diferencia entre la soledad voluntaria y aquella que nos es impuesta. Cuando decidimos nosotros mismos tener un momento de intimidad y descanso, la soledad puede llegar a ser un grato respiro y no solo del ajetreo del mundo sino de las propias cuestiones personales.

Entonces es cuando debemos pararnos a pensar que es realmente la soledad. ¿Como puede llegar a ser un mismo sentimiento tan perturbador y a la vez tan grato?

Es irónico que después de tanto tiempo luchando contra ella me haya dado cuenta en un simple paseo bajo las estrellas de que la soledad es uno de los bienes más preciados que podemos llegar a tener. La soledad es el momento de quedarnos a solas con nosotros mismos, es el momento de aquella pausa en la cual analizamos nuestra vida entera, nuestro ser, nuestra forma de actuar.

Cuando sentimos pavor hacia la soledad es por el mero hecho de que nos aterroriza encontrarnos a solas con nuestro yo interno y no tener nada que decirle, o peor aún, tan solo poder machacarlo con quejas y críticas.

Sinceramente la sociedad en la que vivimos nos a llevado a pensar que es malo quedarse a solas, que pueden llegar a desarrollarse pensamientos irracionales y muy a menudo dañinos. Pero me he dado cuenta de que esos sentimientos tan solo afloran en el caso en que no estemos haciendo lo correcto, y con ello no me refiero a vivir una vida perfecta según un estereotipo definido, sino a verdaderamente conectar con quienes somos y actuar en base a nuestro verdadero propósito,


La Felicidad.


No hemos de tener miedo a quedarnos solos, incluso pienso que deberíamos pasar mucho mas tiempo a solas, puesto que es así y solo así que podemos llegar a entendernos. Hay que mirar en lo mas profundo de uno mismo para comprender tanto las virtudes como los defectos, aceptarlos y cambiar todo aquello que no nos lleva nuestro propósito.

Mientras seamos incapaces de aceptarnos y querernos tal y como somos, seguiremos teniendo miedo a la soledad, y ese vacío que implica no querer mirar dentro, lo intentaremos suplir con compañías ingratas e hipócritas que jamás serán aquello que verdaderamente queremos.

Una vez alguien me dijo que el miedo lo dejase fluir a través de mi cuerpo, y luego lo soltase.No podemos retener en nuestro ser temores pues son como un virus, se extienden rápidamente hasta consumirlo todo.

Hoy por hoy, es cierto que las cosas han cambiado mucho en mi vida, en tan solo unos meses la situación ha dado varias vueltas de campana. Pero me he dado cuenta de que seguía teniendo mucho miedo a muchas cosas, y la que más, la soledad.

Sin embargo, ahora la agradezco, pues me permite mirar un poco más allá y descubrir como soy en realidad.


Y es que hoy me permito gozar mi propia compañía.

Y es que hoy se estar conmigo misma.


~Mina~

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